Lo cierto es que no se sabe muy bien dónde ni cómo comienzan las cosas. Como dice Chris Corrigan, intervenimos siempre allá dónde se encuentre la organización o la situación en el momento en el que comenzamos a formar parte de su discurrir. Rara vez comenzamos “al principio”, pues ¿dónde exactamente está el principio?, ¿qué es el principio?, el principio ¿de qué?.

¿Dónde comenzó nuestro hosting del U Lab de SoL en colaboración con la SNE que hoy tendrá su último encuentro presencial formal de la edición de éste año?. ¿En Septiembre, cuando nos reunimos por primera vez?, ¿en verano cuando enviamos las invitaciones?, ¿en primavera, cuando sentí que quizá había llegado el momento de comenzar a “aportar” al campo desde otro lugar? o ¿quizá en 2015, convencida después de dos ediciones del gran valor que el U Lab aporta a personas y organizaciones? … Diría que en todos y cada uno de esos momentos y también en ninguno y por tanto, ésta no es más que  la historia de mi viaje personal a través del U Lab hasta hoy.

Hace unos años tuve la suerte de encontrarme por casualidad con el Presencing Institute. Me sumé a la comunidad virtual que participaba en su sesión anual. “Overview”, en aquel momento, supuso un giro de 180 grados a mi forma de percibir el mundo y, sobre todo, de percibirme a mí misma en él. En aquel momento pasé de entender de forma “racional” a sentir una responsabilidad personal, no transferible, para con lo que me rodeaba. Aun hoy con gran dificultad para definir a lo que trato de referirme, creo que lo más cercano es lo que David Bohm denomina el “orden implicado” (el todo indivisible del universo, en el que todas las cosas están envueltas, lo no-manifestado). Nunca podré agradecer suficiente a quienes lo pusieron al alcance de todos, pues así pudo llegarme a mí. No mucho después daba comienzo la primera edición del U Lab que recuerdo, además de con enorme cariño por la generosidad desplegada, por la gran capacidad de transformación personal y de creación de comunidad que generó. En aquella edición, con el ejemplo de quienes lideraron nuestro hub y el de la comunidad del Presencing Institute, se plantaron las semillas de convertirme en hub host tres años más tarde.

Durante las siguientes ediciones continué profundizando y aprendiendo de y desde muy diferentes lugares. Pude observar en el día a día lo que decimos constantemente en las organizaciones en las que trabajamos, “allí dónde pongas la atención surgirá la acción”, viendo los distintos caminos por los que nuestra energía y acción nos iba llevando. Supe de lo difícil que es convertir una idea en una realidad, en algo tangible y en marcha, sufrí la parálisis causada por los “grandes sueños, perfección y cambio constante de actores” y sus múltiples combinaciones. Descubrí las dificultades para mantener un compromiso personal y una disciplina, oscilando entre historias de falta de tiempo, lo que vale es hacer y conseguir, incredulidad, rechazo, sentirme importante, el ego …”.

Fui consciente también, a ratos con pavor, de la necesidad que muchos sentimos en ocasiones, por conseguir resultados rápidos, poder mostrar qué es lo que hemos hecho, querer pasar a la acción de forma casi inmediata, a veces, con la sensación de que ni siquiera habíamos  (había) entendido qué pieza queríamos interpretar ni con qué instrumento. Disfruté de los nuevos espacios abiertos de posibilidad, me “peleé” conmigo misma al ver lo pobremente que me manejaba en la diferencia, me frustré queriendo poner en marcha “liderazgo participativo” (hoy más bien me pregunto si tenía medio claro qué era exactamente lo que yo entendía por tal) y continué disfrutando del espacio seguro que nuestro Coaching Circle nos brindaba a todos cada vez que nos reuníamos.

He agradecido cada minuto de aprendizaje, cada pequeño detalle, cada espacio de silencio y meditación, de encuentro con uno mismo y con los demás desde un lugar más seguro, más tranquilo y más claro.

En Junio de 2017, mi decisión de aprovechar la oportunidad que había surgido de acudir a Escocia para un encuentro / curso de hub hosts no fue racional. Surgió de un gran impulso que me decía que no podía no ir, a pesar de tener mínima información. Tomada la decisión, me convertí, como de costumbre, en un mar de dudas.

Si algo ha caracterizado mi transitar por 2017 ha sido la combinación de sentirme una duda constante, cuestionándolo todo y a todos (incluida a mí misma) y al mismo tiempo, tener grandes certezas sobre pequeñas cosas. Certezas que en contadísimas ocasiones, me han permitido “actuar en un instante”. El resto del tiempo es harina de otro costal.

Una de esas certezas, de aparición inmediata completada la estancia en Escocia, fue y  está siendo el formar parte del equipo de hosting del hub del U Lab de Madrid desde SoL. Un hosting que tiene hermanas (el hub de Cataluña, liderado por nuestra colega Eva Hernández) y primos, en los nuevos espacios que se han abierto desde ellos (Diálogo sobre Cataluña, celebración de la sesión de cierre con el hub de Loom Madrid, colaboración en la publicación “Perspectivas de la Teoría U en España: Experiencias y reflexiones desde la práctica”, de SoL España ) y que sé que darán lugar a nuevas iniciativas.

En éste discurrir en el U Lab a lo largo de los años, he podido descubrir en primera persona, una y otra vez, la verdad que encierra éste comentario de Bill O’Brien, siempre presente, “el éxito de una intervención, depende del estado interno de quien interviene”. Ha sido un constante recordatorio de que el punto de partida es siempre uno mismo y de que es necesario darle la vuelta a la cámara para comenzar a observarnos a nosotros mismos.

El viaje a través de la Teoría U comienza con “observar, observar, observar”. De mil modos y maneras. No podemos (no debemos, me atrevería a decir) cansarnos de hacerlo. Es necesario entender profundamente, aunque sintamos siempre que nos falta tiempo o que ya hemos llegado. Yo creo que nunca llegaremos a comprenderlo ni saberlo todo. Siempre habremos de dejar espacio para la sorpresa que inevitablemente acabará emergiendo desde aquello que no hemos logrado comprender, pues seguro encierra muchas de las claves necesarias para continuar camino. El Hermano benedictino David Steindl-Rast nos lo recuerda en éste impresionante vídeo de Louie Schwarzenberger, “Gratitud”, diciéndonos “mira a los rostros de las personas que encuentras. Cada una de ellas tiene una historia increíble tras su rostro, una historia que jamás serías capaz de desentrañar”.

Ésta pequeña etapa en el equipo de hosting del U lab de SoL ha solicitado de mí permanecer en ese espacio de observación, para a su través, convertirse en mi maestra. Observación interior, del equipo, de todos los que estamos en la sala, de las interacciones y relaciones, de cómo se van produciendo determinados movimientos y a qué dan lugar, de lo dicho y de lo ausente, de lo confortable y de los conflictos, de lo conocido y familiar y de lo desconocido y que nos da miedo, de lo excluido y lo incluido, lo que amplificamos, lo que evitamos y lo que disminuimos … En algún momento, después de que la reflexión me ayude a ponerle voz o letras, espero poder compartir los aprendizajes que me ha traído. Hasta entonces, mi más sincera gratitud a todos los que han participado de una forma u otra y en ese participar, son mis maestros. A todos ell@s, GRACIAS.

Maria Lorente. Miembro de SoL España.